El sol es una fuente de vida para el correcto desarrollo de las personas, animales y plantas, sin embargo, su radiación puede ser nociva para la piel.
Para una protección segura, es vital conocer los diferentes tipos de radiación solar a los que estamos expuestos. Toda la energía que llega a la tierra se compone principalmente de:
Rayos Infrarrojos (IR): proporcionan sensación de calor y son los responsables de las insolaciones. Aceleran el envejecimiento cutáneo, la deshidratación.
Luz visible: modula las funciones hormonales por su efecto antidepresivo y acelera el envejecimiento de la piel.
Rayos UVA: Provocan el bronceado, penetran a los niveles más profundos de la dermis y son responsables directos del fotoenvejecimiento y corresponsables de los cánceres cutáneos.
Rayos UVB: gracias a ellos la piel se broncea, penetran a nivel epidérmico y son los causantes directos del daño sobre la piel (eritema solar y cáncer cutáneo).
Además, existen otros factores que influyen directamente sobre la radiación solar. Es importante que conozcamos toda la información sobre ellos con el objetivo de protegernos correctamente.
Altitud: la intensidad solar es más elevada cuanto mayor es la altitud.
Clima: las nubes y la humedad absorben las radiaciones solares pero no bloquean el paso de la radiación solar.
Oblicuidad: se recibe diferente intensidad solar según sea el ángulo de incidencia sobre la superficie terrestre.
Hora del día: entre las 11.00 h. y las 15.00 h. es cuando la radiación solar es mayor.
Estación: la radiación solar incide con un ángulo distinto sobre la superficie, según sea la estación del año en la que nos encontramos.
Superficie: la reflexión de los rayos solares varía según la superficie, nieve (85%), arena (17%), agua (5%), hierba (3%) y asfalto (2%).
Por todo esto, entendemos la importancia de escoger bien el fotoprotector, debemos tener en cuenta el tipo de piel y las condiciones de exposición solar.






