Esta nueva técnica, bautizada como microshading o simplemente shading, recibe su nombre porque “consiste en ‘sombrear’ las cejas, dándoles un aspecto de ceja maquillada”.
Realmente, la diferencia con el microblading no es tan grande, pues ambas se basan en “sombrear la zona, depositando manualmente un pigmento en la capa basal de la epidermis.
El microblading “dibujamos ‘pelitos’ para formar una ceja, el shading, se hace una especie de ‘puntillismo o pixelado’ para recrear un aspecto de ‘polvo’ o de maquillaje”.
La diferencia, por tanto, reside en la manera en la que se completa la ceja, pues con el microblading “dibujamos ‘pelitos’ para formar una ceja, rellenar una carente de pelo o definirlas, mientras que en el shading, se hace una especie de ‘puntillismo o pixelado’ para recrear un aspecto de ‘polvo’ o de maquillaje”.
¿Cuándo elegir el microshading?
En general, este tratamiento está recomendado para personas que, por diversos motivos, hayan sufrido pérdida de vello en las cejas, que las tengan despobladas, con alguna calva o alopecia, pero también para todas aquellas que quieran mejorar el marco de su mirada teniendo una cejas simétricas, definidas y con personalidad”.
Esta técnica, como decíamos anteriormente, se elige para rellenar de manera natural pequeñas calvas o huecos entre cejas despobladas o con los pelitos muy separados.
“Esta técnica permite dar un efecto de ceja ligeramente sombreada en casos de desear un resultado muy natural”.
Otro de los escenarios en los que la recomendaríamos esta técnica es “en casos de piel sensible y delicada”.
Eso sí: “una piel sana siempre acepta mejor cualquier tipo de tratamiento. En casos de pieles muy delicadas, sensibles, muy bronceadas o alteradas, el resultado no se puede predecir”.
Por último, también elegiríamos esta técnica frente al microblading en casos de “pieles grasas o duras y en las que la ceja tenga buena base; o sea, que tenga el pelo bien estructurado y solo se quiera dar más densidad visualmente”.






